Muchos se han sorprendido al comprobar a través de las revelaciones en The Guardian y The Washington Post que Barack Obama tomó el testigo de Big Brother de manos de George W.Bush al asumir su cargo en 2009. Pero no debería sorprender.
Nunca dijo que no lo había hecho. Eso iba con el cargo, como todos los presidentes que pasaron por la Casa Blanca desde los años ’70, fueran republicanos o demócratas.
Si se revisa en la hemeroteca, entre las promesas de Obama no figuró el acabar con el antiguo programa de espionajeEchelon, que data de los años ’70 y del cual el PRISM que se revela ahora y que nació en 2007, es una ramificación. Como lo es el espionaje que se hace a través de las poderosas empresas telefónicas privadas Verizon, ATT&T y BellSouth, controlando a sus millones de usuarios. Este último caso ya fue denunciado por el Usa Today en 2006. Poco después del 11-S, un empleado de la NSA, William Binney, renunció también a su cargo declarando públicamente que no podía seguir siendo cómplice del espionaje a sus propios conciudadanos.
Es verdad que, cuando asumió el poder, Obama hizo muchas promesas importantes relacionadas con el respeto a los derechos humanos y los derechos civiles. Y todos sabemos también que cuatro años después, la mayoría siguen sin cumplirse: el cierre de la prisión de la base de Guantánamo, la eliminación del concepto de combatiente enemigoinventado por Bush para no aplicar las convenciones de Ginebra a sus prisioneros; la eliminación también de los tribunales militares y el traslado y juicio de los detenidos por tribunales federales en suelo estadounidense; o la investigación y castigo a los responsables de las torturas.
Sobre otras promesas hechas por Obama es difícil siquiera confirmar si se han cumplido o no. Por ejemplo, ¿se ha cancelado realmente el plan de secuestros de la CIA a través de todo el planeta, con traslado de prisioneros a cárceles secretas en bases propias o en prisiones de países aliados?
Mil ochenta de las escalas de los aviones camuflados de la CIA se hicieron en suelo europeo, decenas de ellas en diez aeropuertos españoles. Lo pudo comprobar y documentar una comisión de investigación del Parlamento Europeo y otra del Consejo de Europa. Y no pasó nada. Ninguno de los dirigentes de los países cómplices se dio por aludido y en la UE no está prevista ninguna tipo de sanción para este tipo de actos.
Recordemos que fue a partir de 2005 cuando se tuvo plena confirmación de la existencia de esas cárceles y de esos vuelos de la CIA, pese a que se habían iniciado poco después del 11-S, por lo que puede que tras abandonar Obama la Casa Blanca el mundo conozca algún otro plan secreto aún más grave.